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viernes, 28 de marzo de 2008

La niña de fuego.

es una leyenda urbana sobre una niña de fuego en Laroya (Almeria). Esta historia empezó el 16 de junio de 1945, sin ningún motivo empieza arder unos montones de trigo y al mismo tiempo en otro lugar del pueblo las llamas prenden a una niña, por suerte, la presencia de trabajadores del lugar la salvo de que ardiera. Durante ese verano ardieron, sin explicación, campos, objetos de los campesinos, etc.

El miedo se cebo sobre Laroya, todo era misterioso. Llegaron expertos de todas partes de España, entre ellos un experto del Instituto sismológico de Almeria.

El 30 de junio de 1945los expertos en diferentes campos realizaron un informe diciendo:

Los sucesos no han sido originados por actividad volcánica, ni por trastornos geológicos que hayan dado lugar a desprendimiento de materias en ignición no gases inflamables. El origen de los incendios no se halla en manifestaciones internas ni en la superficie del terreno. Tampoco cabe achacar la causa a fenómenos eléctricos ni a la ionización de la atmósfera, ni a efectos térmicos de radiaciones solares. En resumen, no hay una causa definida a la que pueda achacarse todos los sucesos ocurridos y debe desecharse, desde el primer momento, toda sospecha de que hayan sido provocados por la mano del hombre.

Nadie murió de forma directa por estos fuegos misteriosos, aunque la niña no pudo olvidar aquellas llamas que prendieron su ropa sin motivo y quizás fue debido a esto que terminó suicidándose ingiriendo veneno. Pese a esta gran desgracia en la familia, no fue la única. La hermana mayor se arrojó al vacío desde un cerro y otro hermano se ahorcó.


viernes, 7 de marzo de 2008

El hombre que nunca existió (Huelva).

Los hechos sucedieron en abril de 1943, Europa se encontraba en una cruenta guerra, concretamente en la Segunda Guerra Mundial. Necesitando los aliados buscar una forma para engañar al alto mando alemán, cuando llegara el momento de la invasión de Europa, por el Mediterráneo, se ideó una trama.


Se buscó el cadáver de un hombre de unos 30 años y se le dio un nombre, este era el de William Martin, un vagabundo muerto, al parecer por neumonía, por quien nadie iba a interesarse, le hicieron pasar por un capitán (habilitado a comandante).

Le hicieron portar con una carta escrita por el general Archibald Nye, dirigida al general Harold Alexander, que ocupaba el puesto de comandante del XVII cuerpo de ejercito en Túnez. En esta carta se hablaba de una posible invasión aliada por Grecia, pero a la vez se dejaba entrever que la realización de una maniobra de despiste al enemigo por la zona de Sicilia, se había desechado técnicamente. Preparada la misión, el cadáver fue vestido de militar y fue trasladado a un submarino llamado "Seraph", el submarino llegó frente a la playa de Punta Umbría, donde el cadáver fue depositado sobre las aguas de madrugada y a la mañana siguiente descubierto por un marinero de la localidad llamado José Antonio Rey María.

El cadáver fue dejado en esta zona porque los aliados sabían de la amistad entre Franco y el mandatario alemán.

Los documentos que portaba fueron enviados a Madrid y de allí a Berlín, donde el propio Führer quedó enterado del hallazgo. Al final los alemanes creyeron la historia y como consecuencia las tropas alemanas se trasladaron al Peloponeso, en Grecia y a Cerdeña, siendo el desembarco aliado por Sicilia y propiciando la invasión por Italia, acelerando el avance aliado y con ello el final de la contienda alemana.

Podríamos decir que la derrota del ejercito alemán en la Segunda Guerra Mundial, empezó a fraguarse en las playas de Punta Umbría, con el Hallazgo del cadáver, el hallazgo de William Martin, más conocido como EL HOMBRE QUE NUNCA EXISTIÓ.

martes, 26 de febrero de 2008

El suspiro del Moro (Granada)

Tras arrebatar el último reducto de la dominación musulmana a Boabdil, el rey moro y su séquito fueron desterrados de Granada y les fue cedido un pequeño territorio en las áridas Alpujarras, donde aguantarían aún unos años.

La caída de Granada se debió a la despreocupación de Boabdil por la defensa de Granada y su afinidad a las fiestas y al ocio. Es en el momento de la entrega de la llave de la ciudad a los Reyes Católicos, cuando Boabdil rompe a llorar, y será su propia madre quien le dirá: "No llores como mujer lo que no has sabido defender como hombre".

Camino a su destierro, Boabdil no osó girar la mirada hacia Granada, y sólo cuando estuvo a mucha distancia, sobre la colina conocida por El Suspiro del Moro se detuvo y observando por última vez su palacio... suspiró.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Las rosas azules (Granada)


Reinaba en Granada, el octavo monarca de la dinastía Nazarita: el gran
Mahomet V.En esta corte Amet era el guerrero más bravo y el jefe de la
belicosa tribu de los Aldorandines. Insensible a los halagos del amor,
llevaba en su lanza un bordado pendoncillo en el que ponía: “libre”. La
guerra era lo único que le importaba y no encontraba otro placer que correr
las tierras de los cristianos, y traer a la ciudad orgulloso, los despojos de sus
frecuentes victorias.

Llevaba algún tiempo de estar privado de ejercicios guerreros, a causa de
una larga enfermedad y, ya repuesto de ella, salió de Granada con doscientos
jinetes para realizar alguna empresa que aumentara su fama de
experimentado y de valiente.
Se encaminó con sus tropas hacia la Serranía de Ronda y antes de llegar a
la ciudad, reparó en un amurallado castillo, que parecía ser de grandes
señores, y decidió dar allí un golpe certero, seguro de lo descuidados que
vivirían sus dueños. Receloso y deseando orientarse, subió a una colina,
desde donde podía dominar lo que ocurría en el interior del castillo.
Se quedó muy sorprendido, cuando al poco rato vio abrirse las pesadas
puertas del mismo, y salir por ellas una joven muy hermosa, a quien
acompañaba su débil pajecillo y una respetable dueña. El musulmán quedó
petrificado ante la hermosura de la joven. y la pasión amorosa se le
despertó con violencia suma. Siguiendo a la doncella vio que llegaba a un
caserío cercano, que era la pobre vivienda de su nodriza a quien
diariamente visitaba.

El hermoso palacio que poseía Amet, en lo alto de la cuesta de la
Alhacaba, frente a la puerta de los Estandartes, fue la mansión a donde el
sarraceno condujo a la hermosa castellana de Ronda, D.a Isabel Pereda,
que así se llamaba. Mas un triste desengaño aguardaba allí al enamorado.
La cristiana perdió al día siguiente la razón, y todo su anhelo eran las flores,
y su eterna manía el hallar un rosal que produjese las rosas azules, como
ella las había imaginado en su fantasía.
Todo lo incalculable lo hizo Amet por lograr el capricho de 1a hermosa
dama. Pero todo fue en vano. Llegó hasta hacer venir, derramando riquezas,
a la nodriza de Isabel. Trajo también la Virgen del Consuelo, ante la
que ella rezaba en su castillo, y en el palacio, en el fondo del jardín, una
rústica cueva se convirtió en lujosa capilla cristiana.
Allí se presentó su nodriza y ella la reconoció como a su antigua servidora;
miró con ojos más comprensivos al sarraceno, y creyendo que por favor del
cielo unas rosas que había cogido éste para la Virgen, eran las rosas azules
con que soñaba, su razón volvió a lucir con la lucidez de siempre.
Entonces recordó las atenciones de Amet, y ante sus promesas de hacerse
cristiano, dejaron aquellos lugares de delicias, partieron hacia Ronda, y en
el antiguo castillo, el guerrero musulmán recibió el bautismo, y se desposó
con Isabel, que nunca pudo separar de su imaginación el Palacio de Amet,
ni sus soñadas rosas azules.
Una vez allí, el moro no pudo contener los ardorosos ecos de su corazón, y
cogiendo desprevenida a la hermosa castellana, sujetó con dos esclavos a
sus leales servidores, expuso en breves palabras a la cristiana la fuerza de
su amor, y desmayada la colocó sobre la montura de su caballo, yendo a
perderse con éste en vertiginosa carrera, seguido de su gente, por los
tortuosos caminos que habían de conducirle a Granada.
Veloz como el pensamiento llegó con la cautiva cristiana a la ciudad.


La puerta del sueño (Granada)


En la Granada mora existía un rey anciano llamado Aben Habuz. Durante toda su vida fue un valiente guerrero y obtuvo suculentos tesoros, pero con la vejez, también se le calmó su ansiedad por nuevas riquezas, así se dedicó a custodiar su tesoro de los jóvenes guerreros Cristianos. Temía perder sus riquezas.
Un buen día llegó un mago árabe llamado Ibrahim que venía de Egipto, conocía todos los secretos de la ciencia (incluido el de la vida eterna) porque poseía el "libro de la sabiduría" que había dado Dios a Adán al echarlo del paraiso. El se ofreció a hacer un invento con el cual conocer cuando le iban a atacar. Ibrahim creó un curioso tablero de ajedrez donde se encontraba un jinete con una lanza, cuando apuntaba a algún sitio significaba que se acercaba un ejercito por ahí, y entonces en el tablero aparecían unas figuras de ajedrez, era la imagen del enemigo.

El mago le incitó al rey que derribase las figuras y entonces mataría al ejercito enemigo. Por este trabajo, Ibrahim pidió que se acomodase una cueva de la montaña con lujos y con bailarinas que lo animasen mientras estudiese las ciencias, gastando la mitad de la fortuna del rey. Aben Habuz aceptó y disfruto con el juego de ajedrez matando enemigos. Un buen día el jinete del ajedrez apuntó a un valle, pero no aparecieron figuras de ajedrez en el tablero. ¿Venía algún enemigo?. Mandó su ejecito allá, y recogió una dulce cristiana con una lira de plata. Ibrahim quiso poseerla, pero Aben Habuz la quiso para si, pues estaba enamorado de su juvenil belleza. Ella no deseaba a ninguno de los dos viejos, pero se quedó en el reino de Aben Habuz. El rey moro, empezó a gastarse todos los tesoros que le quedaban en ella, pero cuando la quería poseer, la cristiana empezaba a tocar su lira y el se dormía dulcemente. Sus súbditos se sublevaron, pues no podían consentir que su rey se gastase su fortuna en ella y no parase de dormir. Aben Habuz pudo contener la sublevación, pero pidió al mago que hiciese algo para evitar esto, pues quería vivir en tranquilidad con la joven. Ibrahim le propuso que construiría para él un paraíso que no fuese visible desde fuera y que no se pudiese entrar de no quererlo el que viva allí. Aben Habuz fascinado le dijo que si que quería. Tardó tres días en construirlo en una montaña de Granada, y puso una puerta grande con una mano y una llave. A cambio, Aben Habuz le entregaría el primer animal y su carga que entrase por esa puerta. Al tercer día fueron Ibrahim, Aben Habuz y la joven cristiana cada uno en un caballo. Se pararon los tres a observar la puerta, y el corcel de la joven echó a andar y cruzó la puerta. Ibrahim dijo que la cristiana le pertenecía, Aben Habuz se negó, pero Ibrahim entró con su caballo y cerró la puerta. Se dice que desde entonces todo el que se queda un poco de tiempo en esa puerta oye la lira de la cristiana y se adormece como el rey moro. Hoy en día, en ese monte, se encuentra la Alhambra y allí se puede encontrar la puerta con la mano y la llave, esperando que alguien la abra antes de caer dormido.